EL PUERTO
Allá donde vamos, mi padre y yo siempre buscamos los puertos de las localidades costeras.
Los hay pequeños y acogedores, con barcas de colores, y otros grandes e imponentes, donde los buques descargan sus mercancías entre el bullicio de los muelles. Pero todos tienen algo en común: son un pequeño encuentro entre los que se quedan, los que ya estaban, los que piensan partir y los que paran a repostar. Testigos de vidas que se cruzan por un instante. Infinidad de barcos... cada cual con su historia y con sus pasajeros.
Nosotros nos quedamos mirando, respiramos la brisa salada, sintiendo que en ese ir y venir constante late algo especial: la esencia misma de los que amamos el mar.

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