REFLEXIÓN SOBRE ESCENAS TEMIDAS Y LOS PÓSTERES
Las imágenes que hemos creado nos pintan un panorama digital complejo y, en muchos sentidos, inquietante. Desde la pantalla infinita que nos bombardea con notificaciones hasta la pesadilla de perder un trabajo crucial por un fallo técnico, pasando por la la vigilancia constante y el temor a que la tecnología nos deshumanice, emerge una sensación de fragilidad y pérdida de control en este mundo cada vez más digitalizado.
La imagen de la avalancha de información se entrelaza con la presión constante de estar conectados, algo que mediante la autoimposición y la presión social nos hemos establecido, debilitando los límites entre lo personal y lo digital. Esta hiperconectividad, paradójicamente, nos aísla, eliminando la capacidad de desconectar sin sentirnos culpables o perdidos. Por ende, el aspecto social también se consume, diluyendo la autenticidad de nuestras relaciones, así como nuestro tiempo de reflexión.
El relato del estudiante que pierde su proyecto de vida por un fallo tecnológico es una elocuente representación de lo que está ocurriendo en la era digital, ya que la tiene una doble cara, y una de ellas conlleva nuestra vulnerabilidad. La nube, que en un principio se concibe como un espacio seguro y accesible, se convierte en inestable y casi enemigo. Este escenario nos recuerda que, aunque la tecnología ofrece herramientas poderosas, también entraña riesgos significativos y la necesidad de una gestión cuidadosa y consciente.
La sombra de la vigilancia extrema se enfrenta con la pérdida de privacidad y la sensación de que nuestros movimientos están siendo controlados. Al fin y al cabo, hemos delegado mucho poder en la tecnología y por ende, es necesario establecer límites claros para proteger nuestra autonomía y libertad. La inquietud de que la tecnología "coma el mundo" y nos deshumanice profundiza esta reflexión. El temor a que lo humano, lo simple y la capacidad de apreciar la presencia se vean eclipsados por el avance tecnológico nos sugiere que hemos de mantener un equilibrio con lo tecnológico.
Finalmente, la imagen de los abuelos compartiendo un momento silencioso se contrasta con la incomodidad que sentimos hoy ante la ausencia de ruido digital. Hemos perdido la costumbre de simplemente "estar" con otros, de compartir el tiempo sin la necesidad de llenar cada instante con palabras o estímulos externos. El miedo a perder la presencia es también el miedo a que se nos escape el tiempo, nuestro recurso más esencial.
Ante éste panorama, las estrategias propuestas nos ofrecen un rayo de esperanza. Dejar de alimentar a la tecnología con información innecesaria es un acto de resistencia y una forma de recuperar cierto control sobre nuestra privacidad. Pero la idea de "presenciar" se alza como un antídoto aún más poderoso contra la deshumanización y la pérdida de conexión. Presenciar implica estar atentos, vivir el momento, compartirlo, sentirlo y cuidarlo. Es un llamamiento a la consciencia, a la conexión con nosotros mismos, y de la misma manera con los demás y con el mundo que nos rodea.
Resumiendo, la reflexión que surge de estos textos nos invita a un uso más consciente y crítico de la tecnología. No se trata de rechazarla por completo, sino de encontrar un equilibrio que nos permita aprovechar sus beneficios sin sacrificar nuestra humanidad, nuestra privacidad, y, en última instancia, nuestra presencia en el mundo. La clave trata en recordar que la tecnología es una herramienta, y somos nosotros quienes debemos decidir cómo y para qué la utilizamos, priorizando siempre lo humano y la riqueza de la experiencia compartida.
Lia:
Telmo:
Berenize:
Nagore:

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