PORTAFOLIO
EL FINAL DE ESTE TRAYECTO
Al emprender esta andadura con la asignatura de Tecnologías de la Información y la Comunicación, he de confesar que mi actitud inicial no era precisamente la más entusiasta. Las herramientas digitales, con toda su complejidad, se me presentaban más como un desafío considerable que como algo que realmente quisiera explorar. Yo, que siempre he preferido la seguridad del papel y el bolígrafo y nunca me he considerado especialmente hábil con la tecnología, sentía esta materia bastante lejana a mí y, para ser honesta, a lo que creía que eran mis capacidades. No era una perspectiva que me ilusionara demasiado; más bien, la afrontaba con una buena dosis de escepticismo y cierta desconfianza.
Sin embargo, como suele suceder cuando las circunstancias nos empujan un poco fuera de nuestra rutina, el tener que seguir adelante con esta disciplina me ha llevado a una reflexión algo más profunda y, en algunos puntos, bastante reveladora. Me vi ante un temario que completar y unos contenidos que asimilar, y en ese proceso, han surgido dos ideas clave que, sinceramente, me han sorprendido incluso a mí.
Primero, me he llevado una grata sorpresa al ver de lo que soy capaz. Aunque al principio pensaba que era bastante negada para la tecnología y me resistía un poco, he visto que puedo entender y usar herramientas que antes me parecían imposibles, y eso ha sido un gran descubrimiento personal. Segundo, y después de pensarlo bien, he reconocido lo útiles que pueden ser las TIC. Ojo, que sigo siendo crítica y no me he vuelto una fanática sin más, pero está claro que tienen mucho potencial. Cambiar de idea me ha costado esfuerzo, eso sí, pero superar ese bloqueo que yo misma me ponía ha sido de lo más importante que, sin duda alguna, me llevo de esta asignatura.
Y sobre este blog, que ahora estoy terminando, la verdad es que la idea de hacerlo al principio tampoco me convencía mucho. Eso de escribir mis ideas en formato digital no me atraía nada. Pero un cambio de perspectiva lo cambió todo: cuando dejé de verlo como un simple trabajo de clase y empecé a imaginarlo como una especie de diario personal y, he de admitirlo, hasta me he divertido. Por eso, antes de adentrarme en la parte más académica, inicié el blog con un pequeño relato llamado El Puerto; que es, para mí, el paradigma de lo que representa la inclusión, y por ende, la diversidad. Así pude darle mi toque personal, y lo que era una obligación se convirtió en una forma de pararme a pensar sobre diferentes temas.
El curso comenzó con el taller Ikertze, una experiencia sensorial que me invitó a explorar la diversidad, la inclusión y la coeducación desde una vivencia personal, no solo teórica. Lo que más me impactó fue cómo, a través de los sentidos, surgieron reflexiones profundas que conectaban con temas más amplios de una manera intuitiva. La actividad final fue especialmente significativa, ya que pudimos plasmar nuestra esencia en un ejercicio creativo.
Después llegó el taller de Microsoft 365, impartido por Daniel, que nos ofreció un enfoque más técnico. Aunque no fue tan dinámico como el anterior, lo valoré porque me proporcionó herramientas prácticas que sé que podré aplicar en mi futuro como docente. Fue un recordatorio de que, además de la teoría, necesitamos competencias digitales concretas para el aula.
Uno de los momentos que más me inspiró fue la visita a Orio. Salir de la universidad y ver de cerca el trabajo de profesionales tan comprometidos me emocionó. Su vocación y su manera de abordar la interculturalidad y la innovación educativa me motivaron mucho, y estoy segura de que no fui la única que lo sintió así. Además, las ideas que compartieron fueron tan concretas que luego pude aplicarlas en otros trabajos, lo que demostró su utilidad más allá de la visita.
En un plano más crítico, la actividad ¿La tecnología es neutral? analizamos un video que planteaba una paradoja inquietante: los algoritmos se alimentan de nuestros datos, pero al mismo tiempo moldean nuestra manera de pensar. Me recordó al dilema del huevo y la gallina, y dejó preguntándome qué es más preocupante, si la información que generamos o cómo esa información termina condicionándonos.
Esta reflexión se profundizó con el vídeo de Marta Peirano, ¿Por qué me vigilan, si no soy nadie?. Su charla me impactó tanto que, nada más terminarla, revisé los permisos de ubicación de todas mis aplicaciones. Al final, vi con claridad algo que muchas veces prefiero ignorar: que la privacidad es un derecho frágil, y que en la era digital, la vigilancia es más cotidiana de lo que pensamos.
El análisis de DILAN marcó un punto clave en nuestro aprendizaje como grupo, invitándonos a reflexionar sobre la diversidad en el aula desde una mirada más consciente. A través de esta actividad, comprendimos que las diferencias no son obstáculos, sino oportunidades para enriquecer el proceso educativo. Fue un ejercicio de autocrítica que reforzó nuestro compromiso por crear espacios donde cada estudiante se sienta valorado y acompañado.
Después tuvimos que entregar un trabajo, que personalmente, resultó ser uno de los que más me gustó, ya que después de una reflexión tuvimos que plasmar una escena temida relacionada con lo digital, y seguidamente crear un graffiti para conseguir transformar la ansiedad en una reflexión visual sobre cómo superarla.
A continuación, tuve que crear junto a mi grupo, Endibiak, una mochila digital; que abarcó muchas herramientas reales utilizadas en las aulas actuales.
Uno de los proyectos más significativos fue el relato cooperativo sobre diversidad, donde combinamos imágenes generadas por IA con nuestras voces para, finalmente, crear una narración colectiva. Esta experiencia demostró cómo lo digital puede ser un puente para abordar temas complejos con sensibilidad y creatividad. Algo similar ocurrió con el videoclip del Entregable 6, donde capturamos, mediante gestos cotidianos y música, la esencia de nuestro camino como futuras docentes.
Enseguida comenzamos con el trabajo modular, y después de la reflexión grupal, creamos un esquema para la narrativa digital; el cual, como podréis ver en el blog, acabó siendo un preliminar de nuestra entrega final.
También asistimos a una charla sobre inteligencia artificial que amplió mi perspectiva sobre su impacto educativo. Este fue una de los talleres a los que más me negué inicialmente, aunque al final, como Daniel mismo concluyó, nuestro rol como docentes se encuentra mundo cada vez más algorítmico.
Finalmente, nos tocó entregar el trabajo interdisciplinar, el cual está compuesto de dos partes: el texto de autor y la narrativa digital; que a pesar de los cambios de última hora, con mucho esfuerzo y trabajo, he de decir que conseguimos un audiovisual con el que quedamos satisfechos.
Así que, lo que de verdad me llevo de esta experiencia va mucho más allá de simplemente aprender a usar programas. Lo más valioso es el cambio en mi forma de ver las cosas, ser más flexible con mis ideas y abrirme a nuevas maneras de aprender y de expresarme. Este blog se ha convertido en mi cuaderno de ideas particular, una manera de hacer más entretenido un reto que, al final, he terminado agradeciendo mucho. Termino esta etapa contenta por haber superado mis propios límites y con una visión con más matices y, desde luego, más rica de todo este mundo de las TIC.
Si tuviera que ponerme nota, me pondría un 9, más que nada, porque reconozco el esfuerzo que he hecho para encontrarle el gusto a una asignatura que al principio me resultaba indiferente. Queda, como en todo proceso vivo, margen para seguir creciendo, pero valoro especialmente haber convertido lo que parecía una obligación académica, en un espacio de descubrimiento tanto profesional como humano. Al fin y al cabo, la mejor evaluación no es la que mide resultados, sino la que atestigua transformaciones.

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